lunes, 9 de enero de 2017

El crecimiento y las limitaciones del tarotista

Lo reconozco, soy imperfecto y tengo limitaciones.

Considero que la primera reflexión que ha de hacer alguien cuando se dedica a este mundo es saber hasta dónde llega o quiere llegar, y no agobiarse excesivamente si hay cosas que, simplemente, no es capaz de ver en las cartas.

El tarot es un oráculo que nos puede dar muchísima información y detalles, pero eso también va a depender del nivel de conocimiento y de desarrollo espiritual de cada persona. Hay por ejemplo, tarotistas que han aprendido este arte leyendo un libro y otros que no han leído uno en su vida y que no les hace falta; los primeros han aprendido y los segundos tienen esa capacidad innata.

También hay ocasiones donde, a un tarotista, no se le da información sobre una determinada persona (aunque habitualmente sí se le dé), y eso se percibe porque las cartas en ese momento dan una serie de mensajes contradictorios y sin sentido. A mí esto me ha sucedido y se puede deber a dos razones:

1. El tarotista no ha logrado concentrarse lo suficiente en la cuestión que se pregunta.
2. El tarot no quiere dar la información porque no es el momento o porque la persona no está preparada para recibirla.

Evidentemente, a medida que se practica, en el tarot se van desarrollando habilidades y conocimientos, pero siempre hay que partir de la base de que esto es un aprendizaje continuo y que, si no se ve algo aunque te lo pregunten, lo mejor es no obsesionarse y hacérselo saber al consultante. El ritmo de crecimiento espiritual de cada persona es diferente y hay que respetarse a sí mismo.

Bien, espero que esta entrada os haya gustado. ¡¡Nos vemos en la próxima!!





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